28 Marzo 2008

El sexto álbum como solista del artista norteamericano Michael Jackson (tras su etapa Motown, es el segundo de su fructífera colaboración con Quincy Jones, después del exitoso
Off the wall) es, indudablemente, uno de los más importantes de la historia de la música. Editado en noviembre de 1982, pasó un tanto desapercibido al principio, en parte por la polémica y racista decisión de la cadena de televisión MTV de pasar el videoclip de su primer sencillo, Billie Jean, únicamente de madrugada. Pero el boca a boca obligó a la cadena a cambiar, y cuando poco después John Landis filmó el celebérrimo videoclip de Thriller, se hizo historia.
La importancia de este disco es capital en muchos sentidos: inauguró la época de los superventas masivos, abrió al mundo la presencia de la hasta entonces poco conocida música negra, y puso al videoclip como elemento fundamental de promoción y consumo de la música. Obviamente, nada de esto hubiera sucedido precisamente con Thriller si no se tratase de un disco grandioso. Que lo es.
El arranque de esta perfecta máquina de pop, soul y funk producida con exquisitez por Quincy Jones es rompedor: los seis minutos de la arrebatadoramente bailable Wanna be startin' somethin' ofrecen al oyente una más que prometedora pista de lo que se va a encontrar a lo largo del disco. Con una base rítmica irresistible, la voz de Michael arropada por coros canta una canción totalmente bailable con un ritmo que se apodera de tu cuerpo. Baby be mine recupera el mejor sonido motown con toques de modernidad, mientras que el dueto con Paul McCartney en The girl is mine se convierte en una modélica balada romántica.
Una puerta chirriante, pasos, truenos y al aulido de los lobos dan paso a una de esas canciones míticas por derecho propio. Thriller, puro funk con arreglos de primer orden y estribillo inolvidable, hubiera justificado por sí solo el disco que titula; todo es sublime en el tema, desde la melodía de bajo sintetizado que conduce toda la canción, las estrofas y su célebre estribillo, los efectos de sonido y la voz cavernosa y risa demoníaca de Vincent Price que le sientan como un guante.
Pero la artillería pesada no ha hecho sino comenzar: le sigue Beat it, puro rock bailable magníficamente acompañado por la guitarra de Eddie Van Halen, y el ritmo contagioso hasta límites insospechados que ofrece Billie Jean, acaso el mejor tema del disco, con un excelente Jackson en el tratamiento vocal para un dance-pop que hace batir palmas y bailar de forma casi irremediable.
Human nature es un tema soul muy bien producido, mientras que P.Y.T. (Pretty Young Thing) recoge, como buena composición de Quincy Jones, el sabor de la música negra más clásica. Para cerrar el disco, una nueva balada, The lady in my life, con sabor clásico y muy comercial.

Era Thriller un disco concebido para resultar un éxito.
Off the wall había demostrado a Jackson y Jones que su propuesta podía alcanzar cotas insospechadas a nada que se abrieran a otros públicos. Había que lograr que todos los temas del disco tuvieran su peso y que se acercasen a distintos gustos. Y había que componer auténticos temazos que, recibiendo con los brazos abiertos multitud de influencias, sonasen totalmente nuevos. Sumando a todo ello la inmejorable publicidad que suponía utilizar el naciente mercado del videoclip para pergeñar un asombroso tour de force de 13 minutos de duración con coreografías y pasos de baile nunca vistos por un grupo de muertos vivientes, se puede llegar a entender que estemos ante el trabajo discográfico más vendido de la historia. No era para menos.
Thriller
Wanna be startin' somethin' (6:02)
Baby be mine (4:20)
The girl is mine (3:42)
Thriller (5:57)
Beat it (4:17)
Billie Jean (4:57)
Human nature (4:05)
P.Y.T. (Pretty Young Thing) (3:58)
The lady in my life (4:57)
1982. Epic Records.
Compuesto por Michael Jackson, excepto Baby be mine, Thriller, y The lady in my life, por Rod Temperton, Human Nature (John Bettis y Steve Porcaro) y P.Y.T. (James Ingram y Quincy Jones)
Producido por Quincy Jones.
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18 Marzo 2008

El reputado ingeniero de sonido y productor Alan Parsons tenía muchas inquietudes musicales desde hacía años y decidió volcarlas finalmente en su propio proyecto musical, a mediados de los 70. Contó para ello con la inestimable ayuda de su compañero Eric Woolfson (que aportaría mucho de la labor compositiva al grupo) y el arreglista orquestal Andrew Powell, y para su primer trabajo tuvieron la osadía de crear un trabajo conceptual que buscaba musicalizar varias obras del gran escritor norteamericano Edgar Allan Poe. Aunque en mi modesta opinión no consiguen lo que quizá pretendían (darle a las oscuras obras de Poe un envoltorio musical) debido a la práctica imposibilidad de lograrlo, lo cierto es que consiguen, sin embargo, un disco magistral, uno de los mejores de su larga carrera, al tiempo que uno de los menos conocidos, una auténtica confluencia de talentos que dan como resultado un trabajo fantástico a descubrir.
El disco, lanzado originalmente en 1976, no pudo incluir algunos elementos que los miembros del grupo consideraban fundamentales, el principal la participación del gran Orson Wells. Elementos que se recuperarían en la reedición de 1987 en formato CD. Así, finalmente se pudo escuchar el disco como se habría pretendido en un principio. Por lo tanto, el arranque del álbum resulta finalmente un declamado de Wells que sirve como introducción lírica al instrumental A dream within a dream, un tema atmosférico en el que con sintetizadores y un bello fraseo de guitarra eléctrica crean un magnífico instrumental introductorio; un excelente bajo sirve de puente entre este tema y el siguiente, The Raven, que se apoya en el inolvidable poema de Poe y en la letra de éste cantada con un efecto de vocoder, en un tema espectacular de rock progresivo, con un juego de estrofas calmadas y enérgicas que se turnan según avanza el poema. Uno de los puntos álgidos del disco, sin duda, para la primera gran canción del Project.
Comentar, al respecto de este tema, que se suele indicar erróneamente que este es el primer tema musical que utiliza este deformador de voz, pero sin contar usos cinematográficos -aunque en temas musicales- a partir de los años 40, por ejemplo Wendy Carlos lo utilizó para su espectacular banda sonora de La naranja mecánica algunos años antes.
Otro tema enérgico y rompedor es The tell-tale heart, basado en uno de los mejores cuentos de terror escritos jamás, y que la banda recrea con unos gritos iniciales del vocalista Arthur Brown y una sección inicial y final muy rockera y movida, con un sorprendente interludio muy bien instrumentado y cantado por Jack Harris.
Por su parte, The cask of Amontillado recrea la historia original de Poe mediante una balada de acertadas estrofas y colchón de instrumentación de cuerda de gran calidad, que muta gracias a ambiciosos interludios con importante presencia de una poderosa sección de viento. Continúan con (The system of) Dr. Tarr and Professor Fether, otro tema de rock progresivo con profusión de voces tratadas en los coros que recrean los locos del cuento original.
A continuación, en el intento de musicalizar uno de los mejores y más conocidos cuentos de Poe, llega la larga suite orquestal The fall of the house of Usher,dividida en cinco partes. La primera y más larga, Prelude, comienza de nuevo con una introducción hablada a cargo de Wells, y un tema muy cinematográfico en su factura, con diversas melodías orquestadas a lo largo de su desarrollo.Arrival comienza con el sonido de una tormenta y un siempre impactante órgano en segundo plano, que se verá superado por un bucle de sintetizador muy acelerado y por una posterior orquestación acompañada esta vez de una batería muy marcada. El corto Intermezzo añade melodías tétricas y opresivas, que llevan a Pavane, la parte más melódica y recordada de la suite, con varios instrumentos del rock clásico enlazando diversas melodías que se van acumulando en un crescendo progresivo. Finalmente, los sonidos más opresivos, casi insoportables, de la orquesta manteniendo unas pocas notas, junto con efectos de sonido, narran, en Fall, el definitivo hundimiento de la casa Usher. Sin un corte, el disco llega a la balada final, la preciosista To one in paradise, cantada por Terry Sylvester acompañado a los coros por los propios Parsons y Woolfson junto a otro de voces blancas. Una magnífica forma de terminar un grandioso disco.
La portada del vinilo original. El re-lanzamiento en formato CD en 1987 incluiría la introducción inicial de Wells y otros cambios menores.
Tales of mystery and imagination, como el primer disco de The Alan Parsons Project, supone encontrarse con muchos de los elementos comunes que desarrollará la banda en su reconocida carrera posterior. Curiosamente, es quizá el más ambicioso de sus trabajos (yo diría que el que más hasta la colaboración de las dos cabezas pensantes del grupo en el proyecto Freudiana) y suele criticarse el haber dejado un tanto de lado los prometedores retazos de rock progresivo de este álbum para acercarse a un pop-rock más al uso. No me parece justo, teniendo en cuenta la calidad de la carrera de la banda posterior a este disco. También es cierto que, si bien la musicalización del especial universo de Poe supone su banalización, y por lo tanto era ésta una apuesta perdida, desde el punto de vista musical lo que queda es un atrevido trabajo musical, repleto de buenos momentos, con una producción magnífica, y que se escucha incluso con mayor agrado que otros trabajos más reconocidos como I Robot o Eve.
Tales of mystery and imagination
-A dream within a dream (4:14)
-The Raven (3:57)
-The Tell-Tale heart (4:38)
-The cask of Amontillado (4:33)
-(The system of) Dr. Tarr and Professor Fether (4:20)
-The fall of the house of Usher:
Prelude (7:02)
Arrival (2:39)
Intermezzo (1:00)
Pavane (4:36)
Fall (0:51)
-To one in paradise (4:46)
1976. Charisma Records.
Compuesto por Alan Parsons y Eric Woolfson. Instrumentales de The fall of the house of Usher por Andrew Powell.
Producido por Alan Parsons.
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5 Marzo 2008

Es "The head on the door" el disco que siempre, y sin dudarlo, recomiendo a los recién llegados al sonido The Cure. No es el mejor de sus trabajos (aunque es realmente fantástico), ya que estaría un pasito por detrás de mitos como Pornography y Disintegration, pero me parece el más completo a la hora de dar a conocer la propuesta musical del grupo británico de la forma más homogénea y correcta. Porque The head on the door es un gran disco que incluye esos singles perfectos que Robert Smith y compañía creaban con envidiable sencillez, junto con una representación de los temas oscuros de su primera época, agradables retazos de experimentación sonora, y grandes canciones a descubrir de su repertorio de los 80. Es, pues, un disco muy completo, gusta al oyente prácticamente desde su primera escucha.
En algunas ocasiones, The Cure conseguían hacer canciones 100% New Order que sonaban tan bien o mejor que la banda de culto de Manchester. El fabuloso arranque del disco, In between days, es uno de esos casos. Un temazo memorable, de los mejores de una banda justamente famosa por la gran calidad de sus sencillos, con una apabullante conjunción de melodías de guitarra para acompañar la peculiar voz de Robert Smith; una canción para la historia.
A partir de aquí, el disco deriva por varias propuestas como Kyoto song, con su repetitivo estribillo instrumental y obvio aire oriental, o la sorprendente y comedida mezcla de guitarra española y sabores arábigos para la curiosa The blood. Unos Cure juguetones y vitalistas aparecen en los juegos instrumentales y vocales de la divertida Six different ways, mientras que el inmenso y sobrecogedor arranque instrumental de Push nos muestra a una banda en estado de gracia. Lo mismo sucede con la peculiar y efectiva forma de recoger los fundamentos del tecno-pop británico de los primeros 80 y deconstruirlos para llevarlos totalmente a su terreno ofreciendo en el proceso una canción maravillosa como es The baby screams.
Y en este momento llegamos al otro punto álgido del disco, con la celebérrima Close to me, engañosamente sencilla canción construida con una de las líneas de bajo más increíbles que recuerdo, sección rítmica a base de palmas y pequeñas melodías juguetonas y naif construidas con teclados, para un resultado arrebatador e insuperable. Otro tema absolutamente mítico.
Con A night like this, The Cure nos devuelve su sonido guitarrero tan inconfundible, presentando otra canción sobresaliente de oscura atmósfera y estribillo sobrecogedor. Screw, con su difícil conjunción de armonías atonales, pasa quizá por el momento más flojo del trabajo, aunque destaca el atrevimiento final de la canción en sí, mientras que para cerrar la obra eligen regresar a su sonido más clásico con la muy apreciable Sinking, dominada de nuevo por un excelente bajo y variedad de armonías que le aportan complejidad y belleza.

Banda de capital importancia en el devenir de la música británica desde los últimos años 70, The Cure tienen en su haber un buen número de canciones y discos de primerísimo nivel. A la hora de elegir una forma de entrar en su particular universo sonoro, quizás The head on the door, una excelente muestra de su trabajo, sea una de las más acertadas. Disco más optimista de lo habitual en la banda, con algunas canciones luminosas y de sonido alegre, junto con otras que recuperan su sonido más característico, temas históricos y algunos detalles juguetones, hacen de éste un trabajo de los mejores de su larga discografía y una buena puerta de entrada en su sonido.
The head on the door
-In between days (2:57)
-Kyoto song (4:16)
-The blood (3:43)
-Six different ways (3:18)
-Push (4:33)
-The baby screams (3:44)
-Close to me (3:24)
-A night like this (4:15)
-Screw (2:38)
-Sinking (4:54)
1985. Fiction / Elektra.
Compuesto por Robert Smith
Producido por Dave Allen, Howard Gray y Robert Smith.
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29 Febrero 2008
La idea de que la voz humana, convenientemente procesada, se convirtiera literalmente, en un instrumento más a la hora de ser utilizado en un tema musical, no era novedosa en 1984. Algunos trabajos, en especial el seminal "My life in the bush of ghosts" mostraban lo llamativo de tan original propuesta. Por esta razón en ocasiones se ha minimizado la importancia de Zoolook, el quinto trabajo de Jean-Michel Jarre, de forma quizá un tanto injusta. En primer lugar porque si bien es cierto que no es el primero en utilizar dicha técnica, tiene muchas papeletas para ser el mejor y más redondo de todos. Y en segundo lugar porque el trabajo de investigación y preparación del disco venían de más atrás, desde 1982, por lo que en todo caso, no sería justo acusar al francés meramente de copiar conceptos ajenos sin plantear algunas ideas propias.
Zoolook es el disco más experimental y arriesgado de Jarre. Su música, efectista y comercial, que tantos éxitos le ha dado y le daría en el futuro, se transforma aquí de modo sorprendente. La calidad final del sonido, la cuidada producción de los temas, se mantiene como siempre, pero las imaginativas formas de post-procesar voces humanas en multitud de idiomas, grabadas por el prestigioso antropólogo francés Xavier Bellenger, para insertarlas como secciones armónicas en los temas musicales propuestos, supone una forma sorprendente y original de presentarlos.
La propuesta queda definida de forma particularmente brillante en el primer corte del disco, Ethnicolor. Un tema fabuloso, para mí el mejor de cuantos ha compuesto el músico francés, que resulta particularmente difícil definir. Arranca con una especie de grito, aunque no lo sea, que da paso a una voz que aparentemente tararea una melodía que genera una gran tristeza, entre efectos varios y añadidos de variedad de voces tratadas. El tema, dispuesto en dos partes, se metamorfosea en su segunda sección al adquirir velocidad mediante una base rítmica montada de nuevo por sampleos de voces y con unas melodías de sintetizador de tono épico realmente inspiradas.
Tras semejante carta de presentación, que justifica por sí sola la compra del disco, se mantiene el nivel. Diva, otro de mis cortes favoritos, también está dividida en dos partes. Con la colaboración de la voz de Laurie Anderson, la primera parte es de nuevo calmada, con sampleos de voces y pequeñas secciones melódicas que acompañan el fraseo de la Anderson, misterioso y atrayente; con una impresionante base de ritmo montada con al menos tres procesados de voces distintos, la segunda parte, más rápida, vuelve a contar con Laurie fraseando con su particular estilo. De nuevo, un tema maravilloso y llamativo.
Jarre suele incluir en sus discos temas acelerados, comerciales, con melodías pegadizas, singles descarados. Podría pensarse que el corte Zoolook lo es, y de hecho lo es, pero se mantiene la propuesta del disco con una canción que vuelve a recurrir a las voces procesadas y a los diversos efectos tanto en la base rítmica como en la melódica, aportando así un toque distintivo y especial a una canción rápida y efectiva. Wooloomooloo es por su parte un corte de sonido misterioso, con un tono casi industrial basado en un sampleo muy grave y diversos efectos añadidos. Un tema extraño que entona perfectamente con el estilo del disco.
Zoolookologie es el otro tema extraído como sencillo, y de nuevo muestra la capacidad de Jarre para crear pequeñas joyas efectistas para todos los públicos, utilizando esta vez una voz procesada para tararear la pegadiza melodía, arropada por múltiples efectos sonoros. Para finalizar el disco, Blah Blah Cafe, con un ritmo muy marcado y melodía principal de sintetizador muy modificado, es un tema que ya utilizase, tal cual, en Music for the Supermarkets. Y un rumor lejano sobre el que unas etéreas líneas de sintetizador y unas notas de voz, acompañadas por cuerdas sampleadas, y de nuevo el tono triste, dan por concluido el disco con la breve Ethnicolor II.

No fue Zoolook un disco bien recibido. Jean-Michel Jarre era un músico de éxito que no tenía acostumbrados a sus fans a experimentos más complejos y atrevidos que la media de su obra, por lo general más efectista y grandilocuente (aunque, a mi juicio, eso no le resta un ápice de calidad). También recibió críticas negativas de la prensa especializada, que fue incapaz de escucharlo sin el incomprensible prejuicio de que "no era original". El propio Jarre ha declarado en más de una ocasión, sin embargo, que se trata de su disco favorito, y es normal que le tenga tanto cariño. Se trata de un disco especial, uno de esos trabajos que suenan distintos, originales y atemporales, en el que se volcó mucho empeño y trabajo, y que el tiempo, afortunadamente, ha colocado en su justo lugar.
Zoolook
-Ethnicolor (11:40)
-Diva (7:35)
-Zoolook (3:42)
-Wooloomooloo (3:18)
-Zoolookologie (3:50)
-Blah-Blah Cafe (3:20)
-Ethnicolor II (3:53)
1984. Disques Dreyfus
Compuesto por Jean-Michel Jarre.
Producido por Jean-Michel Jarre.
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15 Febrero 2008
El cuarto trabajo de estudio del dúo formado por Boris Blank y Dieter Meier (tras su segundo álbum el tercer componente, Carlos Perón, abandonó el proyecto para comenzar una carrera en solitario) es quizá la mejor puerta de entrada para conocer la original propuesta de Yello. Quizá por ser suizos recogen por igual los conceptos germano (más experimental) y británico (más melódico) de la música electrónica, mezclándolos en su original propuesta con los añadidos de un estilo muy cinematográfico y la inconfundible voz grave de Dieter Meier, tan semejante a la del maestro Leonard Cohen. Investigando las posibilidades de la variación en la voz humana, y buscando siempre originales bases rítmicas, la música de Yello se convierte en una de las más originales de la música electrónica de finales de los 70 y principios de los 80.
Stella se abre con el tema Desire, que concentra buena parte del típico sonido Yello, con una base rítmica sobre la que se van sumando efectos y la profunda voz de Meier, para una canción sobresaliente. Con Vicious Games, prefijan otra de sus señas de identidad, el de los temas que funcionan perfectamente como atmósferas; el tema, rápido y pegadizo, cuenta con el acertado acompañamiento solista de Rush Winters. A continuación, el tema más conocido del dúo, ese irónico Oh yeah basado en diversos ritmos de batería y caja de ritmos y voces pasadas por el vocoder que se ha convertido en una suerte de himno sexual de forma bastante sorprendente.
Aparentes ritmos y voces tribales, cortados por una guitarra muy tecnificada, dan comienzo a Desert Inn, de nuevo un complejo juego de voces y melodías sintetizadas, esta vez con el acompañamiento puntual de una guitarra muy rockera. Por su lado, Stalakdrama es un tema muy atmosférico, con unos sintetizadores muy marcados que le dan un acertado toque de misterio que se rompe en varias ocasiones con una fanfarria también sintetizada. Otro de los momentos más experimentales llega con Koladi-ola, en la que mezclan diversos efectos vocales y de sonido para acompañar una voz distorsionada hasta el punto de que simula el de un rockero glam. Arrancando con un acertado riff de guitarra, y con un impresionante fondo rítmico acelerado y una voz que semeja la de un predicador, llegamos a Domingo, uno de los más redondos temas del álbum. Sometimes (Dr. Hirsch) es otro tema típicamente Yello, con melodías atmosféricas y la voz de Meier con efectos de eco. Let me cry reincide en la combinación de base rítmica efectista y voz misteriosa, con interludios más atmosféricos. Ciel ouvert es un tema prácticamente instrumental, calmado y atrayente, muy en la línea de las enseñanzas alemanas. Para finalizar, Angel no resume la propuesta del dúo con su sorprendente mezcolanza de voces sintetizadas, efectos y armonías, concluyendo así un disco muy sorprendente e innovador.

Yello es un grupo de culto, con férreos seguidores pero poco conocido y valorado fuera de éstos. Los fans habituales de la música electrónica más clásica no aceptaban los conceptos casi bailables y en parte cinematográficos del dúo. Por su lado, los aficionados al tecno-pop en sus distintas variantes encontraban la propuesta de los suizos demasiado compleja y extraña para su gusto. Es indudable, sin embargo, la importancia que en su momento Yello tuvieron como adelantados en la investigación sonora, y cómo contribuyeron a la historia de la música electrónica con una serie de discos memorables. Resultan una propuesta más difícil que la media, pero resultan sumamente interesantes.
Stella
-Desire (3:42)
-Vicious games (4:20)
-Oh yeah (3:04)
-Desert Inn (3:30)
-Stalakdrama (3:06)
-Koladi-ola (2:57)
-Domingo (4:33)
-Sometimes (Dr. Hirsch) (3:35)
-Let me cry (3:30)
-Ciel ouvert (5:26)
-Angel no (3:07)
1985. Vertigo Records.
Compuesto por Yello.
Producido por Boris Blank.
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5 Febrero 2008

Prince era más que una promesa en 1984. Ya su anterior disco, el doble 1999, mostraba de lo que era capaz compositivamente hablando, al tiempo que permitía entrever que su atrevimiento a la hora de acercarse a la música implicaba el desprecio absoluto a las normas económicas de la industria. Aún así, su primera obra maestra resultó toda una sorpresa para casi todos. Con Purple Rain, el pequeño sátiro de Minneapolis rompió casi todas las barreras (si no contamos Thriller, el pelotazo de Michael Jackson), al componer una obra que conjuntaba a la perfección el rock americano más clásico con la mirada del músico, limpia de prejuicios, sobre las posibilidades tecnológicas a la hora de ofrecer un plus de originalidad sonora a sus temas musicales. Resumiendo lo mejor que había hecho hasta entonces, y mostrando algunas de las cosas que estaban por venir, Prince presentó un álbum, banda sonora de canciones de la película del mismo título, imprescindible y magistral, una de las cumbres de los años 80.
Ya el arranque del álbum resulta demoledor: con un órgano de iglesia sosteniendo las notas y Prince con efecto de eco en la voz, como un predicador, se abre el camino de Let's go crazy, con una rápida batería, rockeros riffs de guitarra y sección melódica de teclados y voz, un auténtico temazo 100% Prince. Es, por supuesto, el principio. Con curiosos arreglos de cuerda y estribillo inolvidable, el dueto de Prince con una de sus protegidas, Apollonia Kotero, Take me with U es un delicioso tema pop de impecable factura y enorme personalidad propia. A continuación, Prince entrega un cuidado tema soul, The beatiful ones, en el que canta en falsete con mesura al principio, para desmelenarse conforme se lleva al final. Acompañado por Wendy & Lisa, Computer Blue regresa al reconocible sonido de 1999, con un tema muy funky en el que Prince intercala impresionantes solos de guitarra. Darling Nikky es quizá la apuesta más arriesgada del disco, un medio tiempo de extraños arreglos y escabrosa letra sobre la masturbación femenina que levantó ampollas en su época.
Otro de los grandes caballos de batalla del disco es la célebre When doves cry, construida de forma poco ortodoxa con una pegadiza línea de teclados, sección de batería experimental, y ausencia total de bajo, para terminar presentando un tema único en su factura en el que se reconoce al mejor Prince, el que quiebra y sobrepasa lo que se entiende por comercial. I would die 4 U es otro tema excelentemente bien construido, un pop con toques de soul y estribillo de nivel, que continúa sin detenerse y en una transición pocas veces igualada con la más acelerada y alegre Baby I'm a star, de nuevo uno de esos temas con los que Prince te obliga a saltar de la silla y ponerte a bailar. Seguramente no existía mejor forma de concluir el disco que con la celebérrima balada Purple Rain, una joya compositiva con una producción impecable (y sin embargo nada efectista), en la que Prince da rienda suelta a su gusto por el canto y la creación de melodías con su inseparable guitarra para un tema mítico.

Con este disco, Prince inicia un tramo de su carrera al alcance de muy pocos en la historia de la música, en lo que se refiere a calidad compositiva y resultado final. Si no se incluyen
1999 ni
Lovesexy (dos discos que para cualquier otro resultarían magistrales), a lo largo de los 80 Prince presenta nada más y nada menos que
Purple Rain,
Around the world in a day,
Parade,
Sign 'o' the times, y el
Black Album. Un insuperable derroche de energía y talento que obviamente no podía ser superado en años venideros. Aunque en los años posteriores seguiría regalando a sus fans de cuando en cuando con discos a la altura de su leyenda.
Purple rain
-Let's go crazy (4:39)
-Take me with U (3:54)
-The beautiful ones (5:14)
-Computer blue (3:59)
-Darling Nikky (4:14)
-When doves cry (5:54)
-I would die 4 U (2:49)
-Baby I'm a star (4:24)
-Purple rain (8:41)
1984. Warner Bros Records.
Compuesto por Prince.
Producido por Prince.
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1 Febrero 2008

Tras sus dos éxitos previos, Autobahn y Radioactivity, la formación alemana Kraftwerk comienza la que a la larga se convertirá en trilogía fundamental para entender la música popular de finales del siglo XX con su álbum Trans-Europe Express. Quizá su álbum más totémico, aquel que ofrece el ejemplo más puro del concepto kraftwerkiano de la música. También uno de los más accesibles, y desde luego uno de los mejores. Cuando se lanza, en 1977, termina por concretar los elementos que ya existían en Radioactivity en lo que a novedad musical se refiere, pasando por ser el primer trabajo que realmente supuso una revolución para los jóvenes oyentes de la época y que poco después comenzarían a hacer su propia música.
El comienzo del álbum no puede ser mejor: el largo y fascinante himno melódico Europe Endless, conformado por una exquisita conjunción de secuencias armónicas sintetizadas, doble base rítmica, y cantos adornados con diversos efectos de vocoder, que musicaliza a la perfección el ya olvidado placer de un largo viaje en tren entre interminables paisajes fugaces. The hall of mirrors es un tema más rudo en su propuesta, con un texto más fraseado que cantado y unas pocas líneas de melodía en primer plano que se repiten incesantemente y varian calmosamente dando como resultado un corte minimalista e hipnótico. Los Kraftwerk precursores de la música sintética británica se muestran en Showroom Dummies, un tema más acelerado, obvio padre del synth-pop, con una curiosa letra acerca de unos maniquíes que escapan de su escaparate para irse a bailar a un club.
Con Trans-Europe Express, Kraftwerk construyen uno de sus temas más reconocibles y completos, una larga oda repleta de secuencias melódicas más o menos desarrolladas bajo una hipnótica base rítmica. Rizan el rizo con Metal on metal, que no es sino la continuación del tema anterior (sin corte alguno), el añadido de una base rítmica aún más pronunciada al comienzo, y diversas variaciones sobre las melodías durante todo su desarrollo. El doble tema finaliza con el sonido de la llegada del tren, aunque el viaje aún no ha terminado. Basándose en la parte de las secuencias armónicas de Europe Endless que servían como base rítmica, Franz Schubert construye un evocador tema en el que se añaden líneas de sintetizador imitando la entrada de instrumentos en la música clásica, con particular acierto y cuidada contención. Endless Endless es poco más que un efecto, un guiño con el que cerrar el viaje como comenzó, con la misma secuencia armónica y las voces pasadas por el vocoder que repiten "Endless" (sin fin) y que perfectamente servirían para que el disco comenzase de nuevo sin apenas notar que ha acabado.

Con Trans-Europe Express, el grupo alemán comienza una época de especial madurez estilística y termina de concretar su mito como padres de la música electrónica. Sin necesidad de autoafirmarse con experimentos de particular dificultad y tal vez un poco onanistas, Kraftwerk consigue su particular sonido y abre las puertas para toda una forma de entender la música fuera del ámbito del rock. Construye álbumes ajenos a cualquier moda, y que siguen sonando más modernos, audaces y valientes que prácticamente cualquier cosa que se edita hoy en día. Dentro de ellos, Trans-Europe Express es una de sus propuestas más interesantes y accesibles.
Trans-Europe Express
Europe Endless (9:40)
The hall of mirrors (7:54)
Showroom dummies (6:13)
Trans-Europe express (6:52)
Metal on metal (6:43)
Franz Schubert (4:26)
Endless endless (0:55)
1977. Capitol Records
Compuesto por Ralf Hütter, excepto Europe Endless/Endless endless, por Ralf Hütter y Florian Schneider, The hall of mirrors, por Ralf Hütter, Florian Schneider y Emil Schult, y Trans-Europe Express, por Ralf Hütter y Emil Schult.
Producido por Ralf Hütter y Florian Schneider.
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28 Enero 2008
El disco maldito de los Stones. En cierto modo, casi es necesario que una banda importante tenga uno de ellos, porque casi siempre, a la larga, se demuestra que sirve para otorgar un mayor punto de calidad y respetabilidad a una discografía. En 1967, con el grupo inmerso en multitud de problemas derivados de las drogas, se lanza lo que, desde la portada, se intuyó como una mera copia del por entonces totémico Sgt. Pepper's de los Beatles. Esto hizo que se convirtiera rápidamente en un disco rechazado tanto por los seguidores de la banda como por la crítica del momento. Lo curioso es que, en retrospectiva, se trata de un disco bastante ajeno al Pepper's, mucho más basado en el rock psicodélico, y quizá la mejor muestra de lo que la banda podía dar de sí en el trabajo en estudio. Sigue siendo hoy en día un disco controvertido, defendido con uñas y dientes por un correoso grupo de fans y vapuleado por el resto. Quizá la mejor forma de acercarse a él sea olvidando por un momento que se trata de un disco de The Rolling Stones, e intentando descubrir todo lo que lleva dentro sin ideas preconcebidas.
La apertura del disco sirve para descolocar al fan medio de la banda: Sing this all together es un tema bastante poppie de temática hippie que de inmediato aleja del sonido que hasta entonces practica el grupo. La primera diferencia obvia con el Sgt. Pepper's (por aquello de las comparaciones) la encontramos en Citadel, toda una enérgica muestra de rock psicodélico del que el Pepper's carece. A continuación el único tema del grupo firmado por Bill Wyman es la muy aceptable In another land, con la voz del bajista tratada con efectos de eco. Otra excelente canción es 2000 Man, de letra futurista, iniciales acordes folk y progresión psicodélica. El momento más incomprendido del álbum (también el más difícil y, por qué no decirlo, el menos acertado) llega con Sing this all together (see what happens), redefinición del tema de apertura en una suerte de jam session no apta para oídos no entrenados: un tema que quizá hubiera funcionado razonablemente bien en directo.
El tema más conocido y seguramente el mejor del álbum es She's a rainbow, preciosista balada psicodélica con una hermosa melodía de piano y exquisitos arreglos de cuerda de la que sólo se puede criticar por aquello de que es un sobresaliente caramelo pop que se supone los Stones no practicaban. Continúa con The lantern, otra muestra de rock psicodélico, y la extraña Gomper, con una larga parte instrumental final e interesantes instrumentaciones exóticas en el arranque. Uno de los momentos más atrevidos y certeros del disco llega con 2000 light years from home, un tema muy rockero bien complementado con el uso de primitivos sintetizadores y un Mellotron. El disco finaliza con otro buen tema, On with the show.
Sin ser el mejor, en cierto modo sí se puede asegurar que el Satanic Majesties es el disco más atrevido de los Stones. Fue vapuleado por la crítica, que se despistó con el single She's a rainbow y no se dio cuenta de que ante todo el disco es una excelente muestra de rock psicodélico, y por los seguidores de la banda que se sintieron traicionados con tanta experimentación y tanto supuesto acercamiento al espíritu hippie en detrimento de la enérgica propuesta R&B que había hecho grande al grupo. El tiempo, como siempre, pone las cosas en su lugar, y parece indudable que desde hace tiempo es éste un álbum a reivindicar y defender, honesto y valiente en sus propuestas y con mucha más miga de la que pudiera parecer en un principio. Y no, desde luego una veleidad sin sentido de unos artistas consagrados que pensarían que podían hacer cualquier cosa y salir airosos. Pienso que no es el caso, ni mucho menos.
Their Satanic Majesties request
-Sing this all together (3:46)
-Citadel (2:50)
-In another land (3:15)
-2000 Man (3:07)
-Sing this all together (see what happens) (8:33)
-She's a rainbow (4:35)
-The lantern (4:23)
-Gomper (5:08)
-2000 light years from home (4:45)
-On with the show (3:39)
1967. Decca
Compuesto por Mick Jagger y Keith Richards, excepto In another land, por Bill Wyman.
Producido por The Rolling Stones.
servido por discos-miticos
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