Este mítico álbum de Pink Floyd es especial por lo que tiene de emocionante tributo a Syd Barrett. Después de publicar su "Dark Side of the Moon" y de convertirse en banda puntera a nivel mundial, regalan a sus oyentes este sentido homenaje, en el lenguaje musical, a una mente creativa que (al menos desde el punto de vista de sus compañeros) se verá en parte destruida por su pertenencia a la banda, su estilo de vida, y el acceso al LSD que tan mal combinaba con la creciente esquizofrenia de Barrett. Y es de esta forma, combinando un cierto sentimiento de culpa con el respeto hacia un gran músico y el cariño hacia un amigo, que Roger Waters, David Gilmour, Nick Mason y Rick Wright, construyen un álbum emocional, delicado, impecablemente producido, lúcido y enormemente evocador. Un disco que en su momento no fue muy bien recibido por la crítica pero que quizá por la fuerte implicación personal de la banda en su composición no tardó en convertirse en uno de los favoritos de sus seguidores por su excelente contenido.

El disco está conformado por la larga suite cuasi-instrumental Shine on your crazy diamond, que abre y cierra el disco con dos partes de 13 y 12 minutos, respectivamente. La primera parte comienza con una melodía de órgano que lleva a una sección central dominada por un magnífico solo de guitarra que desemboca en la parte cantada del tema, un tema triste y evocador cuya letra hace clara referencia a Barrett. La parte final está guiada por un largo solo de saxofón y una última parte característica del estilo de la banda, un ruido poco identificable, que enlaza con el segundo tema, Welcome to the Machine, una pieza con abundancia de efectos de sintetizador bajo la melodía vocal y la guitarra acústica, buscando un efecto opresor que combina muy bien con la intención del tema de criticar la impersonal maquinaria consumista (ejemplificada de forma premonitoria en la industria discográfica). El ruido de una sirena y las voces de los trabajadores de una cadena de montaje nos traslada al siguiente tema Have a cigar, de similar estilo a la anterior, aunque menos triste y con interesantes toques blues, y cantada por Roy Harper.
Wish you were here comienza con el efecto un aparato de radio cambiando de emisora hasta llegar a una preciosa guitarra acústica que desgrana una melodía que pronto escucharemos con mejor calidad para acompañar la voz en una balada simplemente maravillosa, una joya de delicadeza y sentimiento que es probablemente una de las mejores canciones de la banda.
Cierra el disco la segunda parte de Shine on you crazy diamond que comienza con una sección de notas sintetizadas que lleva a una hipnótica línea de bajo y punteado de guitarras desgranando una melodía de corte progresivo. Continúa con unas estrofas cantadas que recuperan la letra de la primera parte, con pequeñas variaciones en la música, y que ofrecen homogeneidad al disco, y una larga sección final instrumental en la que recrean con distintos instrumentos las melodías de la primera parte, como si el disco simplemente no tuviera un final.


No era sencillo igualar la acogida de un trabajo mítico como "Dark side of the moon". La feliz idea de homenajear a su compañero caído y, al tiempo, espantar fantasmas del pasado, tuvo como resultado una obra que, hecha desde las entrañas de los músicos de la banda, se convertiría en uno de los momentos álgidos de su discografía. Un disco mítico en la fértil década de los 70, y lo suficientemente accesible como para que pueda ser recomendado por aquellos que desean iniciarse en la música de la banda con una de sus obras maestras.

Wish you were here
-Shine on you crazy diamond (partes I - V) (13:30)
-Welcome to the machine (7:27)
-Have a cigar (5:08)
-Wish you were here (5:40)
-Shine on you crazy diamond (parts VI - IX) (12:22)

1975. EMI
Compuesto por Pink Floyd (Welcome to the Machine y Have a cigar por Roger Waters, y Wish you were here por Roger Waters y David Gilmour).
Producido por Pink Floyd y James Guthrie.