Los fans de Mike Oldfield se dividen fundamentalmente en dos: quienes, si no tuvieran más remedio que quedarse con un único disco del británico, se decantarían por Amarok, y los que elegirían Ommadawn. Creo que esta anécdota dice mucho de un artista al que la mayoría asocia con su famoso disco debut, Tubular Bells.
Ommadawn, el tercer disco en la carrera en solitario de Mike Oldfield, se publica en 1975. Por aquellas fechas, Mike ya ha recibido tantos parabienes como palos, más debido a su timidez, que los medios confundían con una mezcla de soberbia y endiosamiento que poco tenía que ver con la realidad, que a su calidad como artista musical. Su música instrumental, personalísima, creada exclusivamente con instrumentos electroacústicos, no encaja en ningún cánon de la época y cada vez resulta más incomprendida y ajena a las modas del momento. Tubular Bells supuso una sorpresa, y fue saludado como un álbum imprescindible. Sin embargo, su siguiente obra, Hergest Ridge, en general no fue entendida. Y en cierto modo volvería a sucederle lo mismo con una de sus más grandes obras, para muchos la mejor, un disco majestuoso en su aparente sencillez que demostraba al oyente atento hasta qué punto aquel joven llamado Mike Oldfield estaba tocado por una suerte de varita mágica a la hora de transmitir sus sentimientos y emociones al lenguaje musical.

Ommadawn es de cierta manera un resumen de todo lo que ha aprendido desde la publicación de Tubular Bells, tanto a nivel artístico como técnico. Compositivamente hablando, se trata de un disco maravilloso, un trabajo de una belleza sobrecogedora desde la extraña, al tiempo que subyugante, melodía inicial hasta el regalo final de un Mike cantando junto a un coro infantil un corto tema instrumentado con unas efectivas guitarras que supone la mejor conclusión posible de la obra.
El disco se divide en dos partes, siguiendo la tradición de sus obras anteriores, más una especie de bis cantado (la primera incursión vocal del artista en su carrera en solitario, con la salvedad de la curiosidad que es la conjunción de gruñidos guturales de la sección del hombre de las cavernas en Tubular Bells), situado de forma separada, al final, con el título de On Horseback. Si en Tubular Bells se apreciaban influencias más rockeras, y Hergest Ridge era su personal homenaje a la música de Sibelius, para la realización de Ommadawn se rodea de una gran variedad de instrumentos (más que en sus dos obras anteriores, y ya era un número extenso), para reinterpretar influencias diversas, con especial protagonismo de aires celtas y africanos. De nuevo, por tanto, estamos ante una obra inclasificable, simplemente un Oldfield en estado puro, con el especial añadido de tratarse (como en Hergest Ridge) de una obra en la que la música resulta tan expresiva que llega al oyente con todo su sentimiento. La primera parte de esta obra imperecedera se inicia con una melodía juguetona a la vez que inquietante, más compleja y rica que su famosa intro de Tubular Bells. Melodía que se convertirá en el elemento central de la primera parte, y con la que Mike juega durante todo su desarrollo mediante sutiles variaciones y entradas de nueva instrumentación, durante varios minutos, logrando que no solo resulte monótona sino que se haga corta. Continúa con una sección más alegre, con profusión de flauta y vientos, para finalizar con la larga sección final, dominada por una obsesiva línea rítmica de tambores africanos y armonías de guitarras que acompañan un canto femenino fraseado en gaélico que desembocará en un climax sobrecogedor en el que destaca un monumental solo de guitarra surgiendo de la percusión y los coros, finalizando con los tambores sonando cada vez más lejanos en un aparente final sin fin.
Para la segunda parte de Ommadawn, Mike arranca con otra demostración de virtuosismo interpretativo apoyado en la que debió ser complicadísima labor de grabación y producción, con una sección musicalmente poco llamativa por su aparente sencillez melódica, pero creada con el sonido de 65 guitarras dobladas. Esta demostración desemboca en una bella melodía de aire pastoral, dominada por las flautas, a las que se irán sumando instrumentos y armonías, en particular una bella melodía interpretada por Paddy Moloney con su inseparable gaita, que nos llevará al que seguramente es el solo de guitarra más impresionante que nunca nos haya regalado Mike Oldfield, y del que es destacable que melódicamente consiga sobrecoger a aquellos fans que desconocen la complejidad de su interpretación, funcionando por tanto por sí mismo y no solamente por su demostración de virtuosismo como intérprete. Cuando parece que ha llegado el final, unos segundos de silencio nos llevan de la mano a una cancioncilla bucólica, campestre, con un Mike tocando la guitarra y medio cantando medio declamando una original letra de metáforas naif y un estribillo inolvidable con el apoyo de un coro infantil. Una deliciosa forma de finalizar un disco impecable, mágico, genial.

Ommadawn es un disco maravilloso porque es, en toda la discografía de Mike Oldfield, en el que más destaca como guitarrista de primera fila, y no a base de retorcer el sonido del instrumento para demostrar su talento como intérprete, sino por su envidiable capacidad para extraer de la guitarra melodías de una belleza y expresividad pocas veces vista. Su imaginación para utilizar multitud de instrumentos de todo tipo, con especial protagonismo de multitud de guitarras, secciones de viento y cuerda, percusiones, voces y coros, consigue, además, aportar una mayor riqueza y complejidad a la obra. La presencia de músicos como Julian Bahula y su grupo de percusiones africanas, el gaitero Paddy Moloney de The Chieftains, Pierre Moerlen a los timbales, su hermano Terry Oldfield interpretando las flautas, las voces y coros de sus habituales Clodagh Simmonds, Bridget St. John y Sally Oldfield, la banda de Hereford City encargada de las secciones de viento, David Strange al violonchelo, Don Blakeson a la trompeta, el coro infantil The Penrhos Kids dando brillo a On Horseback, y William Murray a las percusiones y co-letrista, configura un grupo de colaboradores perfectamente engrasado que ofrece su talento y trabajo para arropar a Oldfield en una de sus obras más perfectas e imperecederas. Un disco, indudablemente, a descubrir por el aficionado a la música de calidad.

Ommadawn
-Parte 1 (19:14)
-Parte 2 (17:17) - Incluye "On horseback".

1975. Virgin Records Ltd.
Compuesto por Mike Oldfield.
Producido por Mike Oldfield.