Cuando en 1987 Robert Smith presentó Disintegration a su discográfica, le dijeron que aquello era una mierda. En palabras suaves, claro. Que era un trabajo invendible, de modo más fino. The Cure era una banda de éxito, con una más que respetada carrera a sus espaldas, y habían publicado algunas de las mejores canciones pop-rock de los últimos años dentro de magníficos discos. Y sí, sus inicios eran oscuros y góticos, pero sus dos últimos trabajos habían supuesto una mirada a un pop más luminoso y el lanzamiento de canciones exitosas como Close to Me, In Between Days, o Just Like Heaven. Que diez años después del inicio de su carrera les diera por volver a sus raíces y componer un disco oscuro, siniestro, que habla del amor y la muerte, de la ruptura y de la desintegración... era una locura, un suicidio comercial. Un capricho de una estrella y la banda que le acompañaba a la que bastante tenían con dejarle que se pintase los labios. Se equivocaban, claro.

Además, y para acabar de redondear la jugada, se atreven a lanzar el disco (excepto en E.E.U.U., allí son un poco nenazas con todo lo que tiene que ver con la música que llega desde Europa, así que publicaron primero Fascination Street) publicando como single de presentación un tema tan oscuro, complejo, raro y fuera de las normas del momento como Lullaby, esquizofrénica canción de cuna con siniestros arreglos de cuerda y la siempre inquietante voz de Robert Smith, que, cosas de la vida, se convertirá en un himno incontestable y su mayor éxito comercial. Pero por supuesto que la cosa no se queda ahí. Por el contrario, el disco es un goteo constante de joyas como el inicio rompedor que es Plainsong y su larga apertura instrumental, la melancolía de Last dance, la hermosa Lovesong (quizá una de las mejores canciones en toda su fructífera carrera), Pictures of you, Fascination Street, adornada con un bajo hipnótico, Prayers for rain o Closedown. Y Untitled con su excelente letra, o los más de ocho minutos de Disintegration. Un disco, pues, complicado desde el punto de vista de la comercialidad, realizado con el respeto hacia el estilo musical propio de la banda y ajeno a las modas del momento.

The Cure, como hijos predilectos de la revolución post-punk que liderase Joy Division, regresaron a sus raíces más oscuras con esta obra maestra del rock más siniestro, repleto de creatividad, con letras de alta calidad, iconoclastas y oscuras, acompañadas de guitarras luminosas y bajos líricos, conformando un álbum triste, melancólico, romántico, opresivo y hermoso. Una belleza de disco que, y quizá llegó en el momento preciso, sirvió para, por fin, aportar la aura de respetabilidad que la banda tanto merecía.

Disintegration
-Plainsong (5:12)
-Pictures of You (7:24)
-Closedown (4:16)
-Lovesong (3:29)
-Last Dance (4:42)
-Lullaby (4:08)
-Fascination Street (5:16)
-Prayers for Rain (6:05)
-The Same Deep Water as You (9:19)
-Disintegration (8:18)
-Homesick (7:06)
-Untitled (6:30)

1989. Elektra Records.
Compuesto por The Cure.
Producido por Robert Smith y David M. Allen.